El Martir de las Catacumbas

El Martir de las Catacumbas[…]

Esta vez entró al escenario un anciano, de figura inclinada y cabello blanco plateado. Era de edad muy avanzada. Su aparición fue recibida con gritos de burla e irrisión, aunque su rostro venerable y su actitud digna hasta lo sumo hacían presumir que se le presentaba para despertar admiración. Mientras las risotadas y los alaridos de irrisión herían sus oídos, él elevó su cabeza al mismo tiempo que pronunció unas pocas palabras…

-Romanos, -dijo el anciano-, yo soy cristiano. Mi Dios murió por mí, y yo gozoso ofrezco mi vida por El….

…tres panteras aparecieron saltando hacia él. El anciano cruzó los brazos, y elevando sus miradas al cielo, se le veía mover los labios como musitando sus oraciones. Las salvajes fieras cayeron sobre él mientras oraba de pie, y en cuestión de segundos lo habían destrozado.

En medio de la misma fue arrojada una banda de indefensos prisioneros, empujados con rudeza. Se trataba principalmente de muchachas, que de este modo eran ofrecidas a la apasionada turba romana sedienta de sangre. Escenas como ésta habrían conmovido el corazón de cualquiera en quien las últimas trazas de sentimientos humanos no hubiesen sido anuladas. Pero la compasión no tenía lugar en Roma. Encogidas temerosas las infelices criaturas, mostraban la humana debilidad natural al enfrentarse con muerte tan terrible; pero de un momento a otro, algo como una chispa misteriosa de fe las poseía y las hacía superar todo temor. Al darse cuenta las fieras de la presencia de sus presas, empezaron a acercarse. Estas muchachas juntando las manos, pusieron los ojos en los cielos, y elevaron un canto solemne e imponente, que se elevó con claridad y bellísima dulzura hacia las mansiones celestiales:

Al que nos amó,
Al que nos ha lavado de nuestros pecados
En su propia sangre;
Al que nos ha hecho reyes y sacerdotes,
Para nuestro Dios y Padre;
A El sea gloria y dominio
Por los siglos de los siglos.
¡Aleluya! ¡Amén!

Una por una fueron silenciadas las voces, ahogadas con su propia sangre, agonía y muerte; uno por uno los clamores y contorsiones de angustia se confundían con exclamaciones de alabanza; y estos bellos espíritus juveniles, tan heroicos ante el sufrimiento y fieles hasta la muerte, llevaron su canto hasta unirlo con los salmos de los redimidos en las alturas.

[…]

Antes yo creía que era un hombre justo y recto. Pero al lado del Santo, de que he aprendido tanto, yo quedo hundido en el polvo; veo que ante El yo soy un criminal, convicto y perdido. ¿Cómo puedo ser salvo?

Leer el libro “Martir de las Catacumbas”

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3 Respuestas a “El Martir de las Catacumbas

  1. Este libro lo estoy leyendo. Lo recomiendo a todos.
    Nuevamente, bendiciones

  2. Yo también lo estoy leyendo. Es muuuuuuuuuuuy bueno.
    Bendiciones

  3. Lo recomiendo para toda clase de persona. Para el cristiano: le aumentara su FE en nuestro Señor Jesucristo, y para aquel que ya se desanimo de ser Cristiano REVIVIRA espiritualmente al notar que muchos hermanos nuestro padecieron, dando sus propias vidas por Aquel que la dio primero por nosotros y se dara de cuenta que en verdad el motivo de su apartamiento, NO es motivo para que le pague asi a Aquel QUE EN VERDAD SI PADECIO, y que agamos a un lado nuestras pequeñeces de obstaculos y pretenciones y notaremos que no vale la pena estar caido y mucho menos apartarnos de EL. Dios les bendiga en grande manera.