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Muchos son los dardos de fuego del maligno, pero nuestro escudo es uno. El escudo de la fe no sólo apaga los dardos de fuego, sino que quiebra las flechas de acero. Aunque las jabalinas del enemigo fueran sumergidas en el veneno del infierno, nuestro único escudo de fe nos guardaría incólumes, desviándolas de nosotros.
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el mayor derecho que un hombre haya argumentado jamás: “Digo: Tú eres mi Dios.”
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En tu mano están mis tiempos.” Esto es para él un hecho sumamente alentador: no tenía temor de sus circunstancias, pues todas las cosas están en la mano divina. No estaba acorralado por la mano del enemigo, pues su pie estaba en una habitación espaciosa, pues se encontraba en un espacio lo suficientemente grande para el océano, viendo que el Señor lo había colocado en el hueco de Su mano. Estar enteramente a la disposición de Dios es vida y libertad para nosotros.
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si nuestros tiempos están en Su mano, esos tiempos están ordenados rectamente.
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“En tu mano están nuestros tiempos,
Cualesquiera que ellos sean,
Agradables o dolorosos, oscuros o brillantes,
Como mejor te parezca que sean.”
via: http://spurgeon.com.mx/
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